miércoles, 12 de abril de 2017

PATRIA Y PATRIARCADO




PATRIA Y PATRIARCADO



"Patria", la afamada novela de Fernando Aramburu, es muchísimo más transgresora y provocadora de lo que algunos alcanzan a imaginar. Es más, dudo que le haga un favor al autor desvelando esta clave, transparente en la novela, pero que, de tan transparente como es, nadie ha alcanzado a explicitar. Si "Patria" denuncia el mito de la nación, con vascos presuntamente oprimidos por españoles, "Patria" también denuncia el mito del heteropatriarcado, con mujeres presuntamente oprimidas por varones. Miren... Juani... (También Bittori, en algunos momentos): qué miedo dan, y cuánto las temen sus maridos vascos, castrados de puros maridos que son. Ellos se limitan a callar, a obedecer, a aceptar. Ellas gobiernan. En todas las parejas se reproduce el modelo de matrimonio vasco tradicional, estable, instituido bajo la férula de La Mujer. Bien es verdad que en la novela las mujeres "modernas", las liberadas de una moral antañosa, las jóvenes, lo pasan mucho peor: Arantxa, Nerea... padecen desde el repudio hasta la infidelidad sistemática. No cuentan con una estructura social que las acoja y los hombres que ahora ellas frecuentan, desde luego, ya no están tan predispuestos, como en las generaciones anteriores, a obedecer. Pocas novelas han ido tan lejos frente a la ideología oficial: desmonta el mito de la patria pero desmonta, sobre todo, el novedoso mito del patriarcado. Una obra valiente, provocadora. Un verdadero escándalo.



jueves, 6 de abril de 2017

EL RELOJ A LAS CUATRO





EL RELOJ A LAS CUATRO

(Publicado en la edición vasca de El País, sábado 12 de julio de 1997)

Los escritores y los periodistas, posiblemente de la mano de unas cuantas profesiones, forman una rara subespecie acostumbrada a un trato obsesivo (pero también afectuoso) con las palabras. Creen que éstas representan algún tipo de arma ante la realidad y pueden incluso llegar a modificarla. No es ésa la fe ingenua en que las palabras abanderen revoluciones o modifiquen sistemas económicos. Se trata de aspiraciones mucho más modestas, pero por eso accesibles: convencer a una persona (o al menos ayudarla, mediante la polémica, a forzar sus argumentos), suscitar su ira, su compasión o su vergüenza.

            Malamente cumplen las palabras, sin embargo, esas vagas misiones. Cuando el terrorismo, como el culo de un enorme elefante, lleva tantos años sentado sobre nuestras vidas y sobre nuestras esperanzas, uno debe reconocer que esa rara gente que trata con las palabras ha agotado ya los recursos de la retórica. No queda nada que decir. Menos en un día como hoy, en que todos los relojes también darán las cuatro, y un tirano ha dicho que eso será más importante que otras veces.
            No es lo peor del terrorismo (ni siquiera lo es) el ejercicio sistemático de la violencia. Dentro de cualquier construcción ideológica, aquel que se halla persuadido de vivir en guerra hasta puede imaginarse dentro de ella y comportarse en consecuencia. Lo peor del terrorismo no es la violencia sino la falta de piedad, sentir al oído lúgubres eslóganes, pronunciados con indignidad, como aquellos de “Ordóñez, devuelve la bala” o “Aldaya, paga y calla”. Ningún soldado digno de ese nombre, ninguna mano noble incluso al empuñar el arma, por brutal que sea el ejercicio de su oficio, podría dejar de ver al enemigo con respeto.
            Lo peor de una causa no es obrar en virtud de la fuerza, por más que seamos muchos los que ya a priori renunciamos, antes de emprender cualquier viaje, a tan pesadas alforjas. Lo peor es la negritud moral, la perversión de comprometer la vida de una persona, condicionarla a vagos acuerdos o desacuerdos políticos, a conflictos o tratados, a decretos del Consejo de Ministros. Lo peor es el descenso moral, a velocidad de vértigo, hasta el punto de despreciar al enemigo, aún en el caso de aquellos felices de tenerlo, de disfrutarlo en casa.
            En La vida de Brian, una película corrosiva y disolvente, un patético grupo terrorista judío secuestraba a la mujer de Poncio Pilato, y concedía a Roma 48 horas para desmontar el Imperio. Pero no es momento de que las palabras indaguen en el sarcasmo. Si de algo valieran hoy, sería para apelar a la íntima dignidad de todo ser humano, a esa secreta resistencia, intuitiva, inevitable, frente a la degradación, por muchos que sean los manuales ideológicos que uno se haya esforzado en devorar.
            Sería bueno que las palabras también movieran a la piedad, buscaran ese fondo de integridad que muy pocos seres humanos pueden sacudirse. Sería bueno que las palabras, por una maldita vez, valieran para algo. "Matar a un hombre es muy duro", dice el magnífico guión de Sin perdón, "le quitas todo lo que tiene, y todo lo que podría tener".
            A veces uno piensa que la felicidad no es algo tan inalcanzable como dicen, y que incluso determinados argumentos a contrario sirven para descubrirla en los recodos más sencillos de la propia biografía: la serena certidumbre de nunca haber matado. Y esa felicidad, sencilla y vasta como todo el universo, puede reproducirse incluso de otro modo: incluso renunciando a hacerlo una vez más.

viernes, 10 de marzo de 2017


UNAS PALABRAS DEL MAESTRO...

"Es posible que ni una persona entre un millón alcance en la vida las metas a las que ha aspirado. El éxito, incluso para aquellos a quienes sonríe la fortuna, es siempre inferior a los ambiciosos sueños que esperaba en la juventud. Proyectos y deseos se quiebran en mil resistencias, y nos damos cuenta de que nuestras fuerzas son demasiado débiles para alcanzar las metas ideales que nos habíamos fijado. El naufragio de las esperanzas, el fracaso de los proyectos, la insuficiencia ante los retos que otros nos ponen, o que nos habíamos puesto nosotros mismos, son una experiencia dolorosa, son el destino típico del hombre. 


 

En el caso del fracaso social, la consolación consiste en convencerse de que la no consecución de las ambiciosas metas perseguidas no debe atribuirse a nuestra incapacidad sino a las carencias del ordenamiento social. El frustrado espera entonces obtener del derrocamiento del orden existente el éxito que este le ha negado. Es totalmente inútil hacerle comprender que el Estado que sueña es irrealizable, y que la sociedad basada en la división del trabajo no puede sostenerse sino sobre la propiedad privada de los medios de producción.
Mediante el conocimiento de nosotros mismos debemos aprender a entender nuestro destino sin ir en busca de chivos expiatorios a los que echar todas las culpas; y debemos comprender también cuáles son las leyes básicas de la cooperación social entre los hombres".


 LUDWIG VON MISES (Liberalismo, 1927)

viernes, 10 de febrero de 2017

martes, 17 de enero de 2017


 
 

PEQUEÑO Y ADÁNICO INOCENTE 


 
 
Pequeño y adánico inocente: el colmo del buenismo es que Daesh explica en sus comunicados, con absoluta precisión, con claridad meridiana, las razones exactas por las que asesina en Occidente pero tú opinas que no, que asesina por otras. Qué pardillo eres: nos odian por lo que somos, no por lo que hacemos, y tú te niegas a entenderlo. Prefieres imaginar que tú eres bueno y que el malo es tu gobierno, pero no: eres tú, tú, eres tú lo que ellos odian. Les irritan tus creencias y, si nos las tienes, tu increencia les irrita aún más. Se avecina una nueva Edad Oscura, con odio, miseria e intolerancia; se avecina una teocracia sangrienta, pero aquellos a los que nos pilla esto mayores no llegaremos a verlo: dudo que el proceso termine en menos de 50 años. Eso sí, cuando dentro de unos siglos vuelva la luz, los historiadores se preguntarán, perplejos, por nuestra civilización: la primera en toda la historia de la humanidad que desapareció no por el embate de fuerzas superiores sino porque, sencillamente, decidió odiarse a sí misma, liquidarse a sí misma. Y en ese acontecimiento extraordinario sí que habrá culpables; por numerosos que sean, habrá culpables muy concretos; sí que los habrá, pequeño, adánico, estúpido inocente.

domingo, 20 de noviembre de 2016


FRIKI NEWS
 
Ignacio Echevarría, detenido. El conocido crítico literario mantenía talleres ilegales en Bangla Desh, donde niños en régimen de semiesclavitud seguían escribiendo novelas de Roberto Bolaño, catorce años después de su muerte.



martes, 13 de septiembre de 2016

NUESTRA HISTORIA (Ed. Páginas de Espuma)





CON MOTIVO DE LA PUBLICACIÓN 

 DE "NUESTRA HISTORIA"

(Páginas de Espuma, 2016)



Alterna géneros al publicar. ¿Cómo es la escritura de los libros de Pedro Ugarte? ¿Combina larga y corta distancia?

A mí me gustan la novela, el cuento, y eso que hoy se llama microrrelato, y que empecé a practicar a mediados de los años 80, cuando ni siquiera existía esa palabra. Por eso tengo la impresión de que siempre estoy escribiendo, a la vez, tres libros distintos: una novela, un libro de cuentos y prolongando un libro de microrrelatos que me acompaña desde hace muchos años. Digamos que son como tres raíles y yo voy subido en un vagón extraño, que tiene tres líneas de ruedas.

Nuestra historia es un libro apegado a esa huella que ha dejado la crisis económica o el cambio de paradigma de la sociedad española. ¿Cuánto hay de preocupación por nuestra realidad, por nuestra historia?

Todo título literario debe ser un poco ambiguo. En Nuestra historia, la ambigüedad reside en el término “nuestra”. ¿Habla el autor de su historia? ¿De la de sus amigos, su familia o su generación? ¿Habla de todos nosotros? Creo que se suman esas cosas. La crisis económica ha sido de gran dureza, pero todos esos sujetos que he mencionado la han (la hemos) padecido, también está en crisis la familia, los modelos de trabajo, el ejercicio del poder… Todo eso aparece en Nuestra historia y me gustaría que las personas que lean el libro pudieran verse reflejadas en algunas historias, o en algunas páginas.

En su libro hay una presencia significativa de personajes que, pese a que algunos están convencidos de que esa debe ser su vida y otros vencidos por su existencia, sigue habiendo en ellos un afán secreto por el hallazgo de momentos felices, que no es otra cosa la felicidad. Para lograrlo los caminos, las "opiniones" sobre la felicidad, son muchas. ¿Cómo le trasladamos al lector esa caracterización de los personajes y esa rendija de luz que entra por su libro una vez abierto?

Uno de los cuentos del libro se titula Opiniones sobre la felicidad, y me divirtió tanto ese concepto que a posteriori decidí introducir en otros relatos alguna “opinión” sobre la misma, opiniones que hasta pueden ser contradictorias entre sí. En ese aspecto, los cuentos de este libro también aluden a nuestra vida, a “nuestra historia”: perseguir la felicidad es lo mejor que podemos hacer, aún siendo conscientes de lo complicado que resulta alcanzar aunque sea algún retazo.

Este es posiblemente su libro más melancólico y conmovedor. Sin renunciar a la voz y el tono de algunos de sus cuentos, sí encontramos una vuelta de tuerca. ¿Es parte de una evolución literaria?

Sí, hay alguna evolución. Ahora escribo con un humor más moderado, tocando otras teclas de la naturaleza humana. Me fijo más en nuestras debilidades, en nuestras esperanzas... Antes procuraba impactar más a través del humor. Ahora, modestamente, y si puedo hacerlo, emocionar.

La pregunta eterna sobre esa tierra de nadie entre la  biografía y la ficción. ¿Su obra Nuestra historia también es "su" historia?

Seré morboso hasta la precisión final: cinco de las diez historias lindan con mi autobiografía, si es que no entran directamente en ella; otras cuatro tienen muy importantes elementos autobiográficos; y solo en una de ellas lo autobiográfico, que también existe, en más bien lateral. Lógicamente, jamás revelaré esos detalles… Pero me gustaría que los lectores pudieran realizar el mismo juego y  descubrir, en algunos de estos relatos, secretas vetas de su vida personal.